miércoles, 5 de marzo de 2008

José Legrá el Puma de Baracoa

José Legrá
El puma de Baracoa

(Primera parte)

Actualmente en España sólo se puede hablar de boxeo con la gente mayor, pues los jóvenes nada más que conocen las “tonterías” de Poli Díaz o Mike Tyson. Ignoran la gloria que le dio el boxeo al deporte español y al púgil que mostró el camino al triunfo a este deporte. Un hombre que por sus victorias, su elegancia boxeando y su verborrea se le conoció como “el Puma de Baracoa” o como “el mini Cassius Clay”.
Este boxeador llegó de cuba para nacionalizarse español y le dio a nuestro deporte, además de sus más de 130 victorias, dos títulos mundiales y siete europeos. Este hombre era José Legrá, y estamos hablando de hace más de 30 años, cuando Fernando Alonso y Rafa Nadal no habían nacido.

Los primeros años en Baracoa
José Adolfo Legrá Utvia nace en Baracoa, Cuba, un 19 de marzo de 1943, siendo segundo de siete hermanos en el humilde barrio de Matachín. Cuando sólo contaba con once años, sus padres se separaron “Mis padres se separaron, mi mamá tuvo que sacar adelante a cuatro negritos”.

En esos años de pobreza, nuestro protagonista trabajaba como limpiabotas y al terminar repartía periódicos por su barrio, donde iba vociferando los nombres de los diarios que vendía: Surco, Oriente, etc... Después curraba de manisero, como la famosa canción del también cubano Antonio Machín. Vendiendo maní llevando una campanita y gritando “El manisero!”, “Que se va!”. Y al final de la noche hacía de guía para los turistas norteamericanos que iban en busca de prostitutas. Como Legrá recordaría años después “Ellos me decián “fuck” y yo les llevaba donde estaban ellas”.

Algunos días iba al colegio, muy pocos, pues se colaba con su amigo Rafaelito por una tubería que descendía al cine El Encanto.

Sus primeros pasos en el boxeo amateur
A Legrá le apasionaba ver las películas en aquel cine de barrio, y fue allí donde pudo admirar a sus primeros ídolos: Kid Chocolate, Kid Gavilán, Archie Moore, Ray “Sugar” Robinson, y un cubano que boxeaba en Europa y era amigo del escritor premio nobel Ernest Hemingway llamado Kid Tunero ¡cómo golpeaban!. A aquel negrito debilucho que se alimentaba de poco arroz le gustaba la idea de ser un día como sus ídolos.

En la playa de Baracoa se organizaban combates de boxeo, el premio para un chico como él era muy suculento: un dólar, un bollo y un vaso de leche. Nadie consiguió derrotar en los combates playeros a Legrá. Su primer descubridor, René Pecado, vio en él un campeón en potencia y lo recomendó al gimnasio La Punta. Pese a la feroz oposición de su madre que ya había intentado en varias ocasiones que éste dejara dicho deporte, quemándole su equipo de boxeo. En noviembre de 1958 debuta como amateur derrotando a Tomás “Guachiro” Rodríguez, ganando 700 ptas. de la época. Aquel dinero eran varias jornadas de repartidor de periódicos, de manisero y limpiabotas. José Legrá realizó en total 23 combates como púgil aficionado, ganando 22 y perdiendo sólo uno en Santiago de Cuba contra Vicente Núñez, siendo uno de sus mayores disgustos.

Su madre llegó a prohibirle que entrara en el gimnasio, por lo que decidió dejar Baracoa y marchar a la Habana, por medio había mil kilómetros. A la Habana yo me fui... en busca de la gloria.

Para llegar a la capital de Cuba se fue con una caja de cartón y doscientas pesetas y se puso a hacer autostop. Sólo le recogían camiones, y los conductores le daban de comer lo que podían. También paraba en los restaurantes donde fregaba platos a cambio de comida.

A uno de estos camioneros, llamado Manolo, le sorprendió su confianza y empeño en llegar a ser campeón mundial de boxeo. Al llegar a la Habana, el conductor le pagó los primeros 15 días de pensión y comida. Allí conoció un paisano suyo que le presentó al que sería su primer manager Luis Sarria, luego cutman de Muhammad Alí y Ray “Sugar” Leonard. Quien lo llevó a su gimnasio, del que Legrá recordaría “Allí sólo había monstruos del boxeo, Luis Rodríguez, Mantequilla Nápoles, Sugar Ramos, Kid Chocolate, Kid Charol, Kid Tunero y Kid Gavilán”.

Kid Gavilán, el mítico excampeón mundial de peso welter, le enseñó su legendario “bolo punch”. “Kid Gavilán me dijo que el golpe iba a la carótida, así que dibujé una cara en el saco y ensayé el golpe de la carótida”. Ese golpe se lo enseñó el mismo Gavilán a Muhammad Alí, y luego lo usarían Ray “Sugar” Leonard y el español Pedro Carrasco que lo trajo importado de Brasil.

En el gimnasio de Luis Sarria, al lado de tantos excampeones y futuras promesas aprenderá el arte de golpear sin que te peguen, y la elegancia y el ritmo de la que pueden presumir los boxeadores cubanos, célebre en todo el mundo. A Sarria le convenció la forma de boxear del joven Legrá, pero le preocupaba su constitución, estaba demasiado delgado y desnutrido. Le dio de comer un monumental filetón.

Cuando José iba a debutar como profesional en el ’59, el doctor le descubrió una anemia durante el reconocimiento médico y le prohibió boxear durante un año, el cual lo pasó al lado de su manager y se trasladó a un buen piso. Llegando a enfermar de tanto comer carne para intentar compensar tanta hambre atrasada.

Al poco tiempo su madre se volvió a casar. A Legrá le resultó grato que alguien cuidase de ella, pese a que su progenitora no le había dirigido la palabra desde su marcha en busca de fortuna.

Legrá profesional
En 1960 ya ha triunfado en Cuba la revolución liderada por Fidel Castro, su hermano Raúl, Ernesto “Che” Guevara y Camilo Cienfuegos. El general Fulgencio Batista huye del país ese año cuando Legrá debuta como profesional en la Habana contra Pedro Piñero. La pelea se va a retransmitir por televisión por todo el país. El combate estaba pactado a cuatro asaltos de tres minutos y uno de descanso. El incentivo por la victoria asciende a 3.000 pesetas. El debutante vence a su rival por los puntos.

Quince días después vuelve a subirse a un ring contra otro gran nombre, Ramón Ferrer, con quien hace combate nulo. También retransmitido por TV y volviendo a embolsarse 3.000 calas.

Legrá cuenta sus combates por victorias y contra adversarios bien ranqueados. Subiendo su cotización al derrotarlos. De 14 combates obtiene 12 victorias, un combate nulo y una sola derrota, a la postre injusta, contra Bobby Luis, a quien derrota en la revancha. Pasando de ganar 3.000 ptas. a 12.000. Ahora se podía permitir sus primeros caprichos: zapatos y trajes. El resto, como siempre, se lo enviaba a su madre.

Aprovecha unos días libres para visitar a su familia en Baracoa. Esta vez el trayecto lo hizo en avión y con regalos para todos. Su madre, Mamá Sole, no pudo resistir la emoción y fue a verle al aeropuerto. Aunque la visita fue corta, su manager le había organizado combates en México.

Legrá vuela a México y EEUU y conoce a Cassius Clay
Luis Sarria le había conseguido una pelea en México, era la primera vez que combatía fuera de su país, y tras cinco horas de vuelo llega a México DF. En la capital azteca conoció al actor cómico Mario Moreno Cantinflas y al cantante y actor Miguel Aceves Mejías. Los diarios hablaban del “Puma de Baracoa”, y las gradas del Arena México estaban llenas. El rival era Ángel Ray, y el cubano fue derrotado por no adaptarse a la altura. De allí volaría a los USA. En Miami boxea en el Conny Beach derrotando por KO en el quinto asalto a Jimmy Hightower, que le sirvió para resarcirse de su derrota anterior. Luego, el mítico preparador Angelo Dundee lo llevó a su gimnasio donde conoció una semana después a un chico de su misma raza llegado de Louisville, Kentucky, que acababa de ganar la medalla de oro en el peso semipesado en las olimpiadas de Roma y que respondía al nombre de Cassius Clay. Legrá y Clay hicieron buena amistad y le dio un consejo que nunca olvidaría: “No hagas caso de lo que digan los demás; si tú crees en ti, sigue adelante”.

Semanas después se enfrenta en Tampa Bay con Hilton Smith, a quien tumba por KO. Con las bolsas que obtuvo le compró un televisor a su madre, quien por entonces le había dado otros tres hermanitos.

Aspirante al campeonato cubano de peso gallo
Ya en la Habana vuelve a vencer a su viejo rival Bobby Luis y después se enfrenta a Enrique Gamury, paisano suyo de Baracoa. Todo el mundo le dijo a nuestro hombre que no pelease con él, pues tenía una pegada terrible. Incluso su manager, que siempre le había animado, lo dejó a su elección. Gamury era muy peligroso, pero si le ganaba podía ser nominado al campeonato cubano de peso gallo.

El combate tuvo lugar y en el cuarto asalto estuvo a punto de perder por un buen golpe de su adversario. Pero en el quinto round saca su calidad y acaba ganando a los puntos. Esa victoria hace que la comisión de boxeo de la Habana lo nombre aspirante al campeonato cubano de peso gallo que ostentaba Enrique Hitlmann.

A los pocos días se podía leer en los titulares “José Legrá aspirante al título nacional de los gallos” y “Legrá es una figura en ciernes de nuestro pugilismo. Estamos seguros que dará muchos días de gloria al boxeo cubano. Si algo le falta a Legrá es pegada, estamos seguros que adquirirá con el tiempo. Pero su rapidez de reflejos, su movilidad en el ring le hacen ser una de nuestras figuras más destacadas, nada más justo después de su clarísima victoria sobre Enrique Gamuri que este nombramiento oficial como aspirante al título de Hitlmann. Difícil pronóstico el nuestro para este combate, pero si Legrá consigue salir triunfante del mismo, no cabe duda que su cotización subiría y a no mucho tardar podría erigirse en campeón mundial.” Todo parecía irle bien, la suerte le sonreía hasta que...Fidel Castro prohíbe el deporte profesional. El púgil había estado preparándose mejor que nunca para disputar el título cubano de peso gallo. El combate se iba a celebrar el 30 de abril de 1962. Una mañana llega a casa al piso de Legrá su amigo Julián con el periódico donde la primera plana reza “Se suspende el deporte profesional en Cuba. El boxeador recordaría aquella época “Me imaginaba en noches de pesadilla limpiando zapatos, repartiendo leche, vendiendo maníes... malviviendo en una palabra.” La situación no parecía tener salida, las gentes del boxeo estaban desconcertadas, porque de la noche a la mañana se habían quedado sin su único medio de subsistencia. Además Legrá había mandado dinero a su familia para que se construyesen una casa, pues el ciclón Hilda arrasó en 1955 la que tenían. Llevaba mucho tiempo sin ganar un solo peso y tubo que vender algunas cosas de valor para pagar las deudas que había contraído, y ya no quedaban reservas. Luis Sarria estaba en el extranjero y Legrá pensaba en un contrato fuera de su país. Tres contratos en un solo día.

Los que le habían visto en el ring no se podían olvidar de el de Baracoa y en un día recibió tres contratos. El primero era de Kid Tunero desde España, el segundo desde México, y un tercero de Angelo Dundee desde Miami, a quien había recomendado su manager. “los de Miami y México eran muy ventajosos pero yo escogí el primero que me llegó y no podía faltar a mi palabra y me fui a España.”

Llegando a España
Nuestro protagonista aterriza en Madrid un 14 de septiembre de 1963. Le esperaba Kid Tunero. Su llegada al aeropuerto no sería como años después cuando ganara el campeonato del mundo o el de Europa, recibido en olor de multitudes. En su primera llegada era un desconocido. “Íbamos a comer a un restaurante económico que había cerca de nuestra pensión. El plato era único, casi todos los días legumbres para comer, legumbres para cenar, legumbres al día siguiente. No era una comida muy adecuada, pero por lo menos servían para alimentar y muy baratas, que era de lo que se trataba principalmente.”Legrá y Tunero estuvieron esperando ofertas, y la primera llegó por fin...

Debut en España
En su primer combate en nuestro país, se enfrenta contra el marroquí Lázaro Ben Layachi en Madrid. “Me dijeron que podría pelear en el antiguo Frontón Fiesta Alegre contra un rival llamado Lázaro Ben Layachi. Tenía noticias de que se sabía todos los trucos del oficio y era muy pegador, el combate no se presentaba muy ventajoso para mí. Pero hubo una cosa que acabó por decidirnos. No se podía elegir, cada día había que comer. Por otra parte había que darse a conocer en este país, en el que mi nombre no les decía todavía nada a los aficionados y a los promotores.” El cubano aceptó el combate en el viejo Frontón Fiesta Alegre derrotando a su rival por KO técnico en el sexto asalto, convirtiéndose en toda una revelación para los seguidores de este deporte en España que le vieron pelear esa noche. Unos días después vence por puntos a Baldomero Arroyo, y después en Barcelona gana a Luis Aisa y a Juan Aguilera, ambos a los puntos.



Entre 1964 y 1965 pelea en varias ciudades enfrentándose a los boxeadores más cotizados y derrotándolos. La televisión, que ya se empieza a ver en muchas ciudades en los años de desarrollo del franquismo, le convierte en un personaje público, como también pasó con los toreros Manuel Benítez “el Cordobés” y Sebastián Palomo “Linares”, o con otro boxeador de su tiempo, Pedro Carrasco. Los seguidores de Legrá iban con pancartas. En la España de entonces en el panorama del pugilismo todo el mundo habla de Pedro Carrasco, “el marino de los puños de oro” que, aunque era español, vino de Brasil, y de José Legrá, a quien llaman el “mini Cassius Clay”. Cuando lo describen hablan del “negrito de las piernas de alambre”. En 1966 se enfrenta al galés Howard Winstone, campeón de Europa de peso pluma. Legrá había pasado del gallo al pluma, y aunque es superior a Winstone pierde por puntos contra el galés. La prensa británica le apoda el estallido de Cuba. Al año siguiente Legrá derrota a los mejores en su peso: Mohammed Larroussi, Amour Lamine, Rafiu King, Love Allotey. Conseguida la nacionalidad española, ese mismo año sube al ring contra el belga Jean de Keer en una pelea eliminatoria para disputar el campeonato de Europa de peso pluma, el triunfador será nombrado aspirante al título europeo, y Legrá lo derrota en el primer asalto, ganando por abandono.

Como Howard Winstone, campeón de Europa de peso pluma acaba de ganar su título mundial, versión Consejo mundial de boxeo, quedaba vacante al otro coaspirante, el japonés Mitsunori Seki. Por KO en Londres y acababa de dejar vacante el título europeo y nombrar coaspirante al francés de origen argelino Yves Des Marets para el año 1967. El combate tendrá lugar en el Palacio de deportes de Madrid. El púgil gabacho era un peligroso adversario. Sólo había perdido con Howard Winstone en su asalto al campeonato de Europa de peso pluma, y en su país nadie le había conseguido arrebatar el campeonato nacional en su peso.

Campeón de Europa
El 22 de diciembre de ese mismo año, José Legrá gana el título europeo de peso pluma al derrotar por KO a Yves Des Marets en sólo tres asaltos. Fernando Vadillo, el mejor periodista que ha escrito de boxeo en España, redacta para su titular en el diario madrileño AS “Ha nacido un puncher”. Dejando claro que el cubano, dijeran lo que dijeran, sabía pegar. Del primer asalto diría “El francés intuía que iba a perder y se dispuso a vender cara la derrota”, sobre el segundo round “Legrá hasta se permitió la osadía de bajar la guardia y fintar a su enemigo. Y salió airoso, volvió a disparar por la izquierda, a doblar por la derecha y a tejer un arabesco de juego de piernas que para sí quisieran muchos campeones de campanillas.”



En el tercer asalto Legrá derrota por KO al púgil francoargelino, el árbitro suizo Neudholf decía “Out”, y proclamaba a Legrá nuevo campeón de Europa de peso pluma. El público subió al ring levantándolo en hombros, y Legrá, quien llevaba años diciendo que era el mejor en España, al igual que Alí aclamaba en los USA que él era el más grande, exclamó a los micrófonos “¿Quién dijo que soy un ignorante? ¡ A ver! ¿Quién dijo que soy un fanfarrón?” y terminó “Seré campeón del mundo”. “Cuando pasaba hambre de niño en Cuba y nadie me daba una peseta, me dije tengo que ser campeón del mundo, tengo que estar entre los diez mejores boxeadores del mundo”. En aquel año el boxeo español tenía también a Pedro Carrasco como campeón de Europa de peso ligero para derrotar en junio al danés Borge Krogh por KO técnico en el octavo asalto en el Palacio de los deportes de Madrid.

También dicho deporte se podía ver por televisión, se celebraban veladas, y el mismísimo presidente de la Federación española de boxeo, luego presidente de la Unión europea de boxeo, el doctor Vicente Gil, era el médico personal de Franco, y los triunfos de los boxeadores españoles en el extranjero, al igual que los de Manolo Santana en el tenis y Ángel Nieto en el motociclismo, y antes los del Real Madrid en el fútbol, hizo que el franquismo se subiese al autobús de los éxitos deportivos cuando a España no la dejaban entrar en el mercado común, al igual que a Portugal.

Unos meses después el cubano sigue ganando a boxeadores bien cotizados. Además de ser el campeón de Europa, es nombrado aspirante a disputarle el campeonato mundial de peso pluma, en la versión del Consejo mundial de boxeo W.B.C., a su viejo rival Howard Winstone, que hará su primera defensa del título contra el de Baracoa. Legrá, como campeón de Europa, es recibido por el dictador español en el Palacio del Prado. Junto a su preparador Kid Tunero, el anterior jefe del estado le dice al púgil con respecto a su pelea contra Winstone “Confío en que haga una buena labor y ponga a España en el lugar que se merece”, y el boxeador responde “Excelencia, ese título vendrá para acá”.

Un español campeón del mundo 33 años después
Desde 1935, cuando el valenciano Baltasar Berenguer “Sangchili” le arrebató el campeonato del mundo de peso gallo por puntos al caribeño Panamá Al Brown, no había vuelto a haber un boxeador español que fuese campeón mundial. Lo habían intentado Luis Romero en 1951 en el peso gallo contra el sudafricano Vic Toweel, Young Martín lo había pretendido en el peso mosca en 1957 contra el argentino Pascual Pérez, y en 1961 Juan Cárdenas en el peso gallo frente al galés Johnny Caldwall.

La pelea se celebraría en el país de Gales, en la ciudad costera de Porth Cawl, que estaba a medio camino de las principales ciudades galesas, Cardiff y Swansea. Y Legrá se concentra en Torrelodones, en las afueras de Madrid, haciendo guantes con sus amigos Miguel Velásquez, campeón de España de peso ligero, y Pedro Carrasco, campeón de Europa del mismo. Ambos le ayudaron mucho para enfrentarse con el durísimo Howard Winstone.

El de Baracoa ya se encargó de decir que “Él sería el nuevo campeón del mundo y que no era ningún fanfarrón”. La gente le contestaba “No sé como vas a volver a España si pierdes”.
El promotor de la pelea, el inglés Jack Solomon, afirma que las apuestas están a favor de Winstone nueve a uno. Pero la prensa deportiva británica está impresionada por la forma de boxear del aspirante, y escriben de él que es “Un verdadero Cassius Clay por su constante movilidad, una agresividad llena de peligros para su rival, una moral de hierro... hay en él madera de campeón”.

El combate se celebra en el Coney Arena Beach, con una capacidad de 11600 espectadores. Los seguidores del púgil galés cantan canciones del país, y frente a ellos las de los aficionados españoles de la peña Costa Brava de Charing Crossroad, y una peña canaria y otra aragonesa cantan el “La, la, la” de Massiel que unos meses antes había ganado el festival de Eurovisión en Londres.

Arbitraba el inglés Harry Gibbs, con fama de ser justo y neutral. Y aunque Legrá decía “Tengo que ganar, soy el mejor y lo voy a demostrar”, Kid Tunero desconfiaba de la presión del público local “Hay que ganar por KO, para que nadie pueda discutir la decisión”.
Tras sonar los himnos de España, Gales e Inglaterra, un himno por el aspirante Legrá, otro por el campeón Winstone, y un último por Gibbs, el árbitro, comienza la pelea.
En el primer minuto, el cubano lo coge a la contra y le lanza un bolopunch que suena como una verdadera coz. Continúa con un swing que lo hace sentarse en la lona, y el público galés se asusta pues su ídolo tiene el ojo hinchado. Los siguientes asaltos son un paseo para Legrá, que hace lo que quiere con Winstone, que tiene un ojo cerrado e intenta esquivar los puños del púgil negro, que se lanzan hacia ese ojo dañado, boxeando con su particular ritmo antillano, hasta que el árbitro decide parar la pelea en el 5º asalto, proclamando a Legrá vencedor y nuevo campeón del mundo de peso pluma.

33 años después el boxeo español tenía un nuevo campeón del mundo, los aficionados españoles saltaron al ring subiendo a hombros al vencedor, incluso le colocan una corona de cartón. Legrá se zafa del público y se arrodilla para dar gracias a Dios, dice a los periodistas “¡Soy el mejor del mundo! ¡Soy el mejor! Ya nadie puede dudarlo ¡Soy el campeón del mundo!”. A su lado Kid Tunero, su amigo el excampeón de Europa de peso superligero Juan Albornoz “Sombrita”, Vicente Gil, que sabe que su más famoso paciente habrá estado atento a la pequeña pantalla, y el embajador español en Londres, el marqués de Santa Cruz, el promotor Renzo Casadel. Desbordantes de alegría, Legrá y sus amigos lo celebran con buena comida y champagne. Dos días después llegan a Madrid, con toda la prensa esperándoles, al igual que muchos seguidores y amigos. El campeón al salir del avión lleva puesto un candado entre los dientes “diciendo que si afirmaba que era el mejor, es porque así lo era., y que si miles de veces había dicho que era el mejor del mundo tenía motivos de sobra para haberlo hecho”. Contesta a preguntas en el mejor estilo Muhammad Alí: “Creo que seré campeón del mundo por mucho tiempo. Cuando el Apolo llegue a la luna yo disputaré el título en la luna. No soy un Don Juan, pero es cierto que tengo éxito con las mujeres. Uno tiene muchas amistades y... chicas que me gustan más que otras. Es normal ¿no?. Tengo mucha suerte con muchas cosas. Me gusta mucho el baile y todo lo moderno, y cuando voy a bailar sólo pienso en divertirme, no me acuerdo del boxeo”. Legrá estaba cansadísimo y se refugió durante una semana en Torrelodones. Venían televisiones a entrevistarle de todas partes. También pudo hablar con su familia por teléfono: “Miguel, mi hermano, tú lo viste... ya soy campeón ¿Cómo estás?. Dile a Mamá Sole que no llore. Yo voy a ser fuerte”. Tras ganar el título hace dos peleas que le servirán de rodaje ante de la defensa del susodicho en Bilbao, contra el púgil de Ghana nacionalizado español Bobo Allotey, futuro campeón europeo de peso gallo, a quien gana por puntos. Después marcha a París y derrota al púgil francés también de origen argelino Felix Said Brami, noqueándolo en el primer asalto.

El rey Legrá pierde su cetro gracias a un árbitro cegato
El 21 de enero de 1969 José Legrá defiende su título en Londres frente al australiano Johnny Famechon, sobrino del púgil francés Ray Famechon, viejo conocido de la afición española pues perdió el título europeo de peso pluma contra el español Fred Galiana en 1955. El combate tiene lugar en el Royal Albert Hall, y toda España está pendiente del televisor para ver el acontecimiento. La popularidad del púgil de color es tan grande que hasta han sacado un juguete con su efigie, que golpea pulsando un botón. La pelea acaba perdiéndola Legrá por puntos después de haber mandado varias veces a la lona al aspirante, con el árbitro inglés George Smith haciéndose el despistado. El de Baracoa acaba enojadísimo de cómo le habían dado perdedor del título que tanto le había costado ganar. “Famechon no es un campeón, el día que alguien me gane de verdad seré lo suficiente hombre para admitirlo. Pero no con uno que sólo hace retroceder, agarrarse, que no quiere pelear. No es un campeón, no, ni esa es manera de ganar un título mundial. En esa forma de ganar ¡Para qué quiere el título Famechon! En el aeropuerto, por la calle, la gente me dice “Tú sigues siendo el mejor”. Lo primero que hice fue pensar en mamá y los millones de telegramas que he recibido de Europa y América. Pero no por ser el más guapo, ni por tener el dinero de Onassis, sino por ser el mejor. No sentía tanta rabia para darle una paliza al árbitro porque creo en Dios, y algo le pasaría al árbitro para hacer lo que hizo. Vayan a saber por qué sería... A lo mejor estaría de Dios que sucediera así, yo soy realista. No creo en los sueños. Las cosas son como son. Si me quitan el título qué le voy a hacer”. “Yo soy muy orgulloso y volveré a conquistar el título otra vez. El problema no es de durar mucho, sino llegar a conquistarlo legítimamente, como llegué yo”.

..............Continuará.

Eduardo Álvarez Cónsul

5 comentarios:

redmary1979@gmail.com dijo...

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keko keko keko dijo...

no has hablado nada de Pierre Schull consejero deportivo de Jose Legrá.
yo soy el sobrino nieto de Pierre Schull y antes de morir me regalo 2 pares de guantes con los que josé legra gano combates, no se si son de lagun campeonato.
son unos dorados y unos rojos.
estan en perfecto estado.
Gracias por tu publicacion ha sido formidable leerla completa..
gracias

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